Internet y la telefonía móvil potencian la persecución virtual, conocida como ‘stalking’.

“Pasé miedo. La última vez estuvo tres horas en la puerta de mi casa llamando a mi móvil y mandándome mensajes”. Pilar (nombre ficticio), de 28 años, terminó una relación sentimental hace cuatro meses, pero su ex novio sigue acechándola.

Como en su caso, los acosadores encuentran herramientas tecnológicas cada vez más directas e invasoras para llegar a sus víctimas. A la persecución física se han sumado los correos electrónicos, sms, chats y llamadas directas al móvil. “Lo más molesto es la insistencia y que tiene línea directa conmigo. Te asusta y pasas todo el día dándole vueltas a la cabeza”, explica Pilar.

Esta forma de acoso es conocida en el terreno de la psicología como stalking. “Es difícil saber si está en aumento o si lo que ha crecido es la sensibilidad por el efecto de las nuevas tecnologías”, explica Laura De Fazio, profesora de criminología y una de las autoras del libro Percorsi di aiuto per vittime di stalking (Rutas de auxilio para víctimas de stalking).

Aislamiento progresivo

El stalking empieza como una simple molestia, poco a poco se convierte en un temor y acaba siendo una pesadilla. Este proceso puede desarrollarse en pocas horas o tras varios meses y crea en la víctima “estrés, ansiedad, irritabilidad, falta de concentración, insomnio y fatiga”, explica la psicóloga Elena de Mariana.

El perfil tradicional de las víctimas era el de “una mujer treintañera, atractiva, separada y no religiosa pero en la última década se ha diversificado”, explica de Mariana. Entre los acosadores hay un protagonismo de las antiguas parejas, pero es frecuente encontrar también a compañeros de trabajo, familiares o amigos.

Acoso en el trabajo

Es el caso de Raquel, responsable de CCOO en unos grandes almacenes. Sufrió la persecución de uno de sus jefes y, aunque ganó el juicio, sufrió el rechazo de parte de sus compañeros.

“En el trabajo no rindes igual y, aunque mi marido quiso denunciarlo desde el principio, teníamos una hipoteca que pagar y no podíamos arriesgarnos a que me despidiesen”, reconoce. Después del juicio, el número de teléfono de Raquel circuló durante días entre los móviles de varios hombres, que le llamaron solicitando encuentros sexuales.

Como en los casos de maltrato -a pesar de que ambos están tipificados como delito en España- es frecuente que las víctimas no sepan dónde acudir, se sientan culpables y piensen que ellas han provocado la situación.

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