El talento como origen y como destino de las grandes empresas

marzo 29, 2008 at 3:30 am Deja un comentario

Todas las organizaciones cumplen un ciclo, más o menos predecible, de nacimiento, desarrollo, estabilidad, declive y desaparición. Esto que en el mundo animal, incluso en el vegetal, es tan fácil de observar, funciona de manera muy similar en las organizaciones.

A las personas, por lo general, nos resulta atractivo comparar los modelos resultantes de nuestra actividad con los modelos que utiliza la naturaleza y, en este sentido, es también muy interesante ver cómo hay organizaciones fugaces, de muy corta duración, como la vida de algunos invertebrados o cómo hay organizaciones de muy larga duración como la vida de algunas especies vegetales. Pensamos a la vez en las secuoyas y en las iglesias, vistas ambas como organizaciones. Sirvan como muestra la enorme secuoya, denominada el Gigante de Dyerville, que derribó el viento en marzo de 1991 que medía más de 110 metros y que tenía 1.600 años de edad o la Iglesia Católica cuyo inicio tuvo lugar hace ahora del orden de los 2.000 años.

Los paralelismos entre organismos naturales y organizaciones de iniciativa humana son muy interesantes de observar, por ejemplo una empresa puede fundar otras empresas de las que se dirá que son sus hijas y que se considerarán como hermanas entre sí, aunque no siempre se lleven como buena hermanas y cuyo crecimiento siempre se realizará mediante el acopio de nutrientes externos. En el caso de las organizaciones estos nutrientes, en general, son recursos y, en especial, conocimientos.

Cuando una empresa crece, esto quiere decir que ha asimilado más recursos, más personas, más clientes, más relaciones, más productos y, naturalmente, más talento. Para atraer a un cliente hay que desplegar talento y la experiencia de que un cliente potencial se haya convertido en un cliente efectivo habrá aumentado el talento de la organización. Venden más las empresas que disponen de mejor fuerza comercial, las empresas que conocen mejor las necesidades de sus clientes y la manera de satisfacer dichas necesidades. Venden más las empresas con más talento, del mismo modo que ganan más partidos los equipos con más talento.

Pero el talento no es estable, por eso las organizaciones duraderas aprenden a renovarlo. Por saber que el talento puede ser efímero, la clave es disponer de un esquema para su renovación. Es interesante cómo, a nivel personal, los individuos tenemos la obligación de practicar lo que aprendemos si queremos mantenerlo actualizado; si no es así, el aprendizaje adquirido se habrá olvidado.

Es el propio talento existente en las organizaciones, individuales o grupales, quien estimula la necesidad de adquirir más talento. Recordemos que cuando hablamos de talento estamos hablando del conjunto de conocimientos y experiencias, capacidades, habilidades, actitudes y aptitudes de que dispone una organización como conjunto o un ser humano como individuo.

En la tradición, en el contexto de las personas individuales, al talento se le ha denominado muchas veces como inquietud. Incluso de las personas con estímulo por aprender se suele decir que son personas inquietas. La razón no es otra que esa especie de emoción y sentimiento que hace que la mente humana se vea polarizada hacia la satisfacción del deseo por aprender, conocer o experimentar algo nuevo. Esta emoción puede ser tan poderosa que nos haga un nudo en el estómago, que nos impacte en una subida de tensión o que nos impida dormir. Sucede a veces que deseamos conocer algo o a alguien con tanta intensidad que es este mismo deseo quien nos provoca fantasías que refuerzan el estímulo por aprender.

En realidad considerando todos estos aspectos, podemos ver que es el talento quien desea adquirir más talento. En las personas, como en las organizaciones, es el talento quien desea crecer, quien desea relacionarse, contrastarse y expresarse para demostrarse a sí mismo que ha mejorado, que ha crecido.

Nada hay más triste que ver una persona o una organización que ha perdido el deseo por aprender. Desear crecer en talento es un signo de juventud, un atributo de las personas que sienten que tienen aportaciones que realizar. Aprender, “ralentizarse”, es crecer y para muchas personas es el único y verdadero sentido de vivir: aprender a amar, aprender una profesión, aprender a relacionarse, � aprender.

¡Es pues el talento el origen y destino de todo aprendizaje!

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La silenciosa guerra por el talento humano Cuando la empresa es Gran Hermano

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