El acoso laboral tiene consecuencias más negativas para las víctimas que el sexual

marzo 30, 2008 at 6:15 pm Deja un comentario

Puede parecer políticamente incorrecta, pero la conclusión a la que ha llegado el primer metanálisis que ha comparado los efectos perjudiciales del acoso laboral con los que provoca el acoso sexual es clara. Según los datos recopilados de 109 trabajos sobre el tema a lo largo de 21 años, aunque ambas acciones tienen efectos negativos sobre la salud de quienes las sufren, éstos son más graves y duraderos en las víctimas del ‘bullying’ que en las del acoso sexual.

“Analizando hasta un total de 12 variables, que incluyen entre otras, la satisfacción en el trabajo, el estrés laboral, los niveles de ira y ansiedad o el deseo de abandonar la empresa, hemos encontrado que todos estos sentimientos son mucho más negativos en las personas que están sufriendo acoso laboral —comportamientos verbales y psicológicos orientados a humillar a alguien— que entre quienes sufren acoso sexual”, afirma a elmundo.es Sandy Hershcovis, de la Universidad de Manitoba (Canadá) y autora del estudio, que ha presentado en la Conferencia sobre Trabajo, Estrés y Salud de la Asociación Americana de Psicología (APA).

Hershcovis no quiere que se malinterpreten sus conclusiones, por eso matiza que “es evidente que el acoso sexual es una experiencia traumática y perjudicial para las víctimas y en ningún caso estamos negando esta realidad. Pero nuestra investigación apunta a que estos efectos son más acusados en el otro tipo de acoso”.

Para esta experta y sus colegas de investigación una de las razones por las que las víctimas del ‘bullying’ en el trabajo lo pasan peor es porque no encuentran respaldo por parte de los jefes y de la legislación. “El acoso sexual está mal visto en la sociedad y la mayoría de países y organizaciones cuentan con normas para combatirlo, por lo que las personas que lo sufren se sienten, por lo general, arropadas cuando cuentan su problema. Sin embargo, en el caso del acoso laboral no ocurre lo mismo. No hay prácticamente normas que castiguen este comportamiento y las víctimas tienen que enfrentarse solas a la situación, por lo que la experiencia es aún más traumática”, indica la autora.

“El acoso laboral es mucho más sutil y es fácil que pase desapercibido para el resto de trabajadores. ¿Cómo demuestra un empleado ante su jefe que está siendo discriminado por sus compañeros, que le hacen el vacío a la hora de comer o que difunden rumores falsos sobre él?“, se pregunta Sandy Hershcovis. La respuesta que encuentra y que comparte con elmundo.es es que “en la actualidad, las personas que experimentan estas agresiones poco pueden hacer. Si lo denuncian, lo más probable es que los agresores se ceben aún más ante la dificultad de demostrar los hechos. A menudo, la única solución es abandonar la empresa, pero la autoestima, el estrés y otros problemas no se irán tan fácilmente”.

Un silencio doloroso

Para el estudio, el acoso sexual se dividió en tres clases: acoso por género —que consiste en actitudes verbales y no verbales que resultan insultantes y humillantes para una mujer— ; la atención sexual no deseada —que incluye comportamientos sexuales no deseados y ofensivos—; y el ‘quid pro quo’, que es la extorsión para que una mujer haga un favor sexual a cambio de un ascenso laboral. En cuanto al acoso laboral incluye insultos, ocultar información, comentarios negativos sobre el trabajo de la víctima, difundir rumores falsos y amenazas.

Los investigadores indican que al castigar la legislación el acoso sexual pero no así el laboral, las víctimas de este último “sufren en silencio y no cuentan con el apoyo de sus compañeros, lo que mina su salud tanto física como psíquica y emocional”. Además, temen represalias si lo comentan con alguien, lo que les genera más ansiedad todavía.

“La creencia de que el acoso sexual puede ser más serio y grave que los otros tipos de agresión se debe a su naturaleza sexual, que la hace más inmoral y desagradable ante los ojos de los demás. No obstante, las evidencias constatan que el acoso laboral tiene las mismas consecuencias negativas e, incluso, más agravadas”, concluye Sandy Hershcovis.

“Los efectos negativos no son sólo para la víctima, aunque ella es quien más lo sufre, sino también para la empresa en términos de productividad y pérdidas. Aunque sólo sea por este motivo, las compañías deberían ser más duras a la hora de castigar este tipo de comportamientos, que perjudica a la víctima a nivel afectivo, emocional, físico y psíquico y afecta a su relación con los demás”, añade.

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